miércoles, 20 de octubre de 2010

Como detectar una relación destructiva






Relaciones destructivas


—¿Se arroga él el derecho de controlar la forma en que usted vive y se conduce?
—Para mantenerlo feliz, ¿usted ha renunciado a personas o actividades que eran importantes en su vida?
—¿Desvaloriza él las opiniones, los sentimientos y los logros de usted?
—Cuando usted hace algo que le disgusta, ¿vocifera, la amenaza o se refugia en un silencio colérico?
—¿Tiene usted que «mirar dónde pisa» y estar ensayando lo que le dirá para que él no se enfade?
—¿La confunde cambiando del más dulce encanto a la cólera sin que nada lo haga suponer?
—¿Se siente usted con frecuencia perpleja, desorientada o fuera de lugar cuando está con él?
—¿Es sumamente celoso y posesivo?
—¿Le echa a usted la culpa de todo lo que funciona mal en la relación?


Si respondían con un «sí» a la mayoría de mis preguntas, ya estaba segura de que se trataba de una relación con un misógino. Y una vez les había explicado lo que estaba sucediendo en su vida, incluso a través del teléfono se podía percibir el alivio que experimentaban.


LOS HOMBRES QUE ODIAN A LAS MUJERES


El hombre más romántico del mundo




Hay un estilo de enamoramiento apabullante: el flechazo. Tú lo ves desde el otro lado de una habitación atestada de gente, vuestros ojos se encuentran y a ti te inunda ese estremecimiento. Cuando él está cerca de ti empiezan a sudarte las manos; el corazón se te acelera; parece que todo cobrara vida en tu cuerpo. Es el sueño de la felicidad, de la realización sexual, de la plenitud. Ese es el hombre que sabrá apreciarte y comprenderte. Sólo estar junto a él es emocionante, maravilloso. Y cuando todo eso sucede, arrasa contigo. Es lo que solemos llamar amor romántico.




A TODAS NOS ENCANTA UN IDILIO


Un idilio es algo que nos hace sentir estupendamente. Las emociones y los sentimientos sexuales alcanzan niveles de fiebre, y al comienzo pueden ser de intensidad realmente abrumadora. La relación puede afectarnos como si fuera una droga euforizante; es lo que muchas personas llaman estar «en el séptimo cielo». Y el hecho es que en esas circunstancias el cuerpo produce una enorme cantidad de sustancias que contribuyen a darnos ese «especial resplandor» de que tanto habla la gente.


Lo que en esos momentos fantaseamos, por cierto, es que vamos a sentirnos así eternamente. Durante toda la vida nos han dicho que el amor romántico tiene el poder mágico de hacer de nosotras mujeres enteras y felices. La literatura, la televisión y el cine ayudan a reforzar esta convicción. La paradoja es que incluso la relación más destructiva que cualquier mujer pueda establecer con un misógino se inicia intensamente teñida de este mismo tipo de emociones y expectativas. Sin embargo, pese a los gratos sentimientos que caracterizan los comienzos, cuando Rosalind fue a verme estaba hecha un manojo de nervios, y su antes próspera tienda de antigüedades se hallaba al borde de la quiebra; Laura, la que había sido ejecutiva contable, se desmoralizó a tal punto que estaba segura de ser incapaz de volver a tener jamás otro trabajo; y Jackie que había afrontado con éxito el malabarismo de ser maestra y continuar sus estudios de posgraduada al mismo tiempo que criaba dos niños pequeños se encontraba con que incidentes sin importancia la abrumaban, sumiéndola en un mar de lágrimas. ¿Qué había sucedido con el bello, mágico idilio con que se iniciaron sus relaciones? ¿Por qué se encontraban ahora tan dolidas y desilusionadas aquellas mujeres?


LOS GALANTEOS ARREBATADORES


Estoy convencida de que cuando un idilio avanza a velocidad tan vertiginosa como estos, se respira una inquietante atmósfera de peligro. Es verdad que el peligro puede constituirse en un motivo adicional de emoción y ser un estímulo para la relación. Cuando se monta a caballo, el trote es muy placentero, pero no especialmente interesante; lo fascinante es galopar. Y parte de esa fascinación reside en el hecho de saber que podría suceder algo inesperado: el caballo podría arrojarme al suelo y hacerme daño. Es la misma sensación de fascinación y de peligro que todos experimentábamos de niños al subir a la montaña rusa: algo rápido, emocionante, y que da una sensación de peligro.


Una vez que a todo esto se le agrega la intimidad sexual, la rapidez e intensidad de las emociones crecen más. Entonces una mujer no pasa por el proceso normal de ir descubriendo a su nuevo amante, porque no ha habido el tiempo suficiente. Tu nueva pareja tiene muchas cualidades que en algún momento han de influir sobre tu vida, y son cualidades que no se pueden ver de forma inmediata. Se necesita tiempo para que ambos miembros de la pareja lleguen a consolidar la confianza y la sinceridad que son la base de una relación sólida. Por más fascinantes que puedan ser, los galanteos arrebatadores tienden a no generar LAS ANTEOJERAS ROMÁNTICAS


Para poder ver realmente quién es nuestro nuevo compañero, la relación tiene que avanzar con más lentitud. Para ver a las otras personas de una manera realista, que nos permita reconocer y aceptar tanto sus virtudes como sus defectos, hace falta tiempo. En un galanteo arrebatador, las corrientes emocionales son de una rapidez y una fuerza tales que desquician las percepciones de ambos miembros de la pareja, las cuales tienden a ignorar o negar cualquier cosa que interfiera con la imagen «ideal» del nuevo amor. Es como si los dos llevaran anteojeras. Nos concentramos exclusivamente en cómo nos hace sentir la otra persona, en vez de atender a quién es en realidad. Nuestro razonamiento es: si este hombre me hace sentir estupendamente, debe ser maravilloso.
El ESPÍRITU DE RESCATE


Hay una fantasía de rescate que también es un elemento importante en el «pegoteo» que caracteriza a las relaciones con misóginos. Se trata de una fantasía que crea un vínculo muy especial, capaz de hacer que una mujer se sienta a la vez necesaria y heroica.
Sin embargo, entre ayudar y rescatar hay una diferencia muy grande. De cuando en cuando, todos necesitamos ayuda para superar los momentos difíciles de la vida. Que le prestes ayuda financiera si te es posible, que seas comprensiva y lo apoyes son cosas que dan a tu compañero la seguridad de que estás de parte de él. Pero a lo que me refiero aquí es al hombre con una historia previa que te infunde la certeza de que es capaz de cuidarse solo. Sus problemas son temporales, y ayudarle es algo ocasional; no va a ser una constante.


El rescate, por otra parte, es un comportamiento repetitivo. Ese hombre siempre necesita tu ayuda, y está continuamente en dificultades. Tanto su vida personal como la profesional responden a una pauta persistente de inestabilidad. Además, siempre está culpando a los demás de sus fracasos.


Compara, por ejemplo, a estos dos hombres:


—El hombre 1 ha sido siempre laborioso y financieramente responsable. La compañía en que trabajaba se vende y el trabajo que él hacía es confiado a otro. Hasta que pueda volver a trabajar, necesita pedir prestado algún dinero, pero está buscando empleo activamente, y cuando lo encuentra comienza en seguida a devolverte el préstamo.


—El hombre 2 ha tenido largos períodos de caos financiero en su vida, y constantemente recurre a ti para que lo saques de apuros. En ningún trabajo se encuentra a gusto, y tiene antecedentes de que no se lleva bien con sus jefes. Cuando finalmente consigue colocarse, no hace ningún esfuerzo o casi por devolverte lo que le has prestado.
EL FIN DE LA LUNA DE MIEL




La primera advertencia de que el Príncipe Encantador tiene su lado sombrío suele producirse durante un incidente que parece insignificante. Lo que hace tan desconcertante el episodio para la mujer es que, de pronto, el encanto de su compañero se convierte en furia, y ella se ve sometida a un ataque totalmente desproporcionado.


LA RACIONALIZACIÓN DEL COMPORTAMIENTO DE ÉL


Racionalizar es lo que hacemos cuando dejamos de lado la voz de la intuición que interfiere con una situación que de ordinario nos hace sentir bien. Es una manera de hacer aceptable lo inaceptable. Al buscar «buenas razones» para algo que de no ser por ellas nos haría sufrir, encontramos algún sentido en situaciones desconcertantes e incluso aterradoras. La racionalización es diferente de la ceguera que vimos en el capítulo 1, en cuanto al racionalizar vemos y reconocemos lo que nos choca o desagrada, pero en vez de negar su existencia, le damos un nombre diferente.




He aquí algunas de las expresiones que he oído de labios de mujeres que procuraban restar importancia al comportamiento pasado y actual de su compañero:


—Sí, ya estuvo casado tres veces, pero es que antes nadie lo entendió como yo lo entiendo.
—Ya sé que ha sufrido varios fracasos comerciales, pero es que tuvo una cantidad de socios deshonestos que lo esquilmaron.
—El dice cosas terribles de su ex mujer, pero yo no puedo criticarlo porque ella era increíblemente voraz y egoísta.
—Ya sé que bebe demasiado, pero es que en este momento está trabajando en un caso muy importante, y sé que cuando eso termine, lo dejará.
—Verdaderamente me asustó al gritarme de esa manera, pero es que en este momento está sometido a mucha presión.
—Claro que se enojó muchísimo cuando yo no coincidí con su opinión, pero a nadie le gusta que los demás estén en desacuerdo con él.
—En realidad no puedo culparlo porque pierda los estribos, cuando ha tenido una niñez tan desdichada.


Cualquier mujer que ante un comportamiento del tipo de arrebatos coléricos o estallidos de violencia dice que «si él lo hizo fue sólo porque...», está racionalizando.


No hay nadie que sea invariablemente agradable; eso es algo que no debemos esperar ni de nosotros mismos ni de los demás. Y, naturalmente, hay ocasiones en que es necesario que nos mostremos comprensivos y aceptemos que alguien a quien amamos está en una situación de estrés o es especialmente sensible a ciertos problemas. Aquí no me estoy refiriendo al hombre básicamente bueno y respetuoso, pero que en alguna ocasión tiene un estallido; ese es el hombre que después asumirá la responsabilidad del episodio, y sentirá auténtico remordimiento por haber descargado sus frustraciones sobre algún ser querido.


El misógino actúa de modo diferente: él no sentirá remordimiento alguno por sus accesos de cólera. Además, su compañera se encontrará a sí misma, cada vez con mayor frecuencia, justificando y tratando de hallar explicación a sus desagradables estallidos.


La racionalización es una reacción muy humana, que no indica necesariamente un problema grave. Pero empieza a serlo cuando, con regularidad, una se descubre disculpando un comportamiento inaceptable de su compañero. A medida que los estallidos de él se vuelvan más frecuentes, tú tendrás cada vez más necesidad de racionalizar para poder seguir soportando la situación.


El JUEGO DEL HOMBRE Y LA BESTIA


Si los misóginos se pasaran todo el tiempo encolerizándose y criticando, las racionalizaciones no le durarían mucho tiempo a ninguna mujer. Pero lo más probable es que, entre estallido y estallido, el hombre siga mostrándose tan encantador y fascinante como cuando lo viste por primera vez. Por desgracia, esos buenos momentos siguen alimentando tu errónea creencia de que los momentos malos son, sin que se sepa por qué, una pesadilla..., de que «ése» no es en realidad «él». Cuando se comporta afectuosamente, refuerza tus esperanzas de que, en adelante, las cosas irán maravillosamente. Pero no hay manera de saber cómo reaccionará ante cada situación un hombre así, porque sus reacciones, con toda probabilidad, serán diferentes cada vez. Este tipo de comportamiento coincide a tal punto con el de El doctor Jekyll y míster Hyde, la novela clásica de Robert L. Stevenson sobre los aspectos luminosos y oscuros, positivos y negativos, de la naturaleza humana, que he optado por llamarlo «el juego del hombre y la bestia».
Tienes que leerle el pensamiento


El misógino espera que su pareja sepa lo que él piensa o siente, sin necesidad de tener que decírselo. Espera que ella, no se sabe cómo, se anticipe a todas sus necesidades, y que satisfacerlas se constituya en la prioridad número uno de su vida. Su mujer o su amante tiene que saber sus deseos sin que él se los diga. Una de las pruebas de amor que debe dar es su capacidad de leerle el pensamiento; por eso, él le dirá cosas como:


—Si me amaras de verdad, habrías sabido lo que estaba pensando.
—Si no estuvieras siempre pensando en ti misma, te habrías dado cuenta de lo que yo quería.
—Si yo realmente te importo, ¿cómo no te diste cuenta de que estaba cansado?
—Si te interesaras de veras por mí, no habrías insistido para que fuéramos al cine.


Este tipo de construcciones que empiezan con «Si...», para seguir con cualquier variante de «habrías» o «no habrías», implica que lo que tú debes hacer es tener la capacidad de penetrar en la mente de tu compañero y anticiparte a todos sus pensamientos y deseos. No se trata de que él tenga la responsabilidad de expresarse, sino de que tu obligación es ser clarividente. Si una mujer carece de poderes parapsicológicos, con ello da prueba de sus deficiencias. Y además, eso sirve para justificar los ataques de él.


Tienes que ser un manantial incesante de generosidad


El misógino típico espera que su compañera sea una fuente inagotable de amor y adoración, de apoyo, aprobación y estímulo, total y generosa sin reservas. Su manera de establecer una relación con una mujer se parece mucho a la de un infante ávido y exigente, basada en la tácita expectativa de una total generosidad de ella en cuanto a la satisfacción de todas sus necesidades.


Poco después de haberse casado con Mark, Jackie descubrió que él le había mentido, asegurándole que estaban saldadas algunas facturas importantes que en realidad no había pagado. El que debía encargarse de abonarlas era él, pero no lo había hecho, y cuando ella le preguntó qué había pasado, se enfureció.


Me acusó de falta de amor y de comprensión hacia él. Me acusó de no estar de su parte. Dijo que él tenía amigos que hacían cosas mucho peores, que todas las noches volvían a casa borrachos y realmente eran un desastre en lo financiero, y que sin embargo sus mujeres jamás les negaban comprensión, amor y apoyo. ¿Cómo era posible que yo me mostrara incapaz de expresar un amor así? No sé cómo, se las arregló para presentar las cosas de tal manera que la malvada era yo por atreverme a preguntarle por qué no había pagado las cuentas.
De :  Cuando el Amor es ODIO                        


Hombres que odian a las mujeres
y mujeres que siguen amándolos